20 millones de toneladas de oro en los océanos

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     Desde tiempos inmemoriales el mar ha sido un recurso primordial en la vida, tanto del hombre como del planeta. Esto es así debido a que su función es vital en el desarrollo de la vida. Pero por si es poco con esto, el fondo marino alberga curiosidades que aumentan más si cabe su valor.

¿Por qué digo esto?

Porque uno de los componentes del agua del mar es el oro. Y me refiero al metal precioso altamente valorado por sus propiedades físico-químicas (inoxidable, gran conductor, etc…) como por su escasez en el planeta.

 

            El oro llega al mar mediante un proceso de desgaste, haciendo que dicho mineral termine en los ríos. Este fenómeno se produce tanto en betas interiores por las cuales pasan aguas subterráneas, como en betas exteriores. Un ejemplo  son aquellas que afloran en los lechos de los ríos, que son los responsables del transporte de dicho mineral hasta al mar. Este hecho en concreto podemos verlo claramente al sur de Oregón (EEUU) donde la roca original (normalmente cuarzo) se ha erosionado, dejando betas de oro al descubierto, produciéndose el fenómeno comentado anteriormente.

Según un artículo escrito por el geólogo Trevor Nace en la revista Forbes, los océanos albergan una cantidad aproximada de 20 millones de toneladas de oro. Probablemente al ver este dato, uno mismo se pregunte, por qué ninguna compañía se dedica a extraerlo. La respuesta es muy sencilla. A día de hoy, no existe un método mediante el cual pueda extraerse oro y resulte rentable, ya que la proporción es de 13 mil millonésimas de gramo por litro de agua, por lo que habría que filtrar millones de litros para conseguir una cantidad que resultase rentable.

Desde que se conoció este hecho, allá por 1872, numerosos científicos y estafadores han intentado lucrarse con este recurso. Tanto fue así que en 1890 Ford Jernegan fundó la Electrolytic Marine Salts Company en Lubec ( Maine), y recaudó fondos por valor de 1 millón de dólares. Cuando a los 8 años los inversores pidieron resultados de la producción y los beneficios, Jernegan había desaparecido con los fondos. Otro intento fallido fue el que realizó Alemania, queriendo aprovechar este recurso para realizar el pago que le exigió la Sociedad de Naciones después de la I Guerra Mundial.

   Ahora que sabemos esto, tenemos un añadido más al valor de los océanos, aunque sabemos que de momento va a seguir exactamente dónde está.


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